{"id":80,"date":"2025-09-18T00:49:13","date_gmt":"2025-09-18T00:49:13","guid":{"rendered":"https:\/\/frcharles.com\/es\/?p=80"},"modified":"2025-09-15T10:52:18","modified_gmt":"2025-09-15T10:52:18","slug":"el-corazon-del-evangelio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/frcharles.com\/es\/blog\/el-corazon-del-evangelio\/","title":{"rendered":"El Coraz\u00f3n del Evangelio"},"content":{"rendered":"<p>En el centro del Evangelio no se halla un principio abstracto, sino la Persona viva de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que revela el amor del Padre y sana la herida del pecado por su Cruz y su Resurrecci\u00f3n. San Pablo transmiti\u00f3 lo que hab\u00eda recibido cuando escribi\u00f3: \u00abque Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados seg\u00fan las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucit\u00f3 al tercer d\u00eda seg\u00fan las Escrituras\u00bb (1 Corintios 15:3\u20134). Esta proclamaci\u00f3n apost\u00f3lica es inseparable de la vida de la Iglesia, pues el Evangelio no es un conjunto de intuiciones privadas, sino la obra salv\u00edfica de Dios, hecha presente para nosotros dentro de la Santa Tradici\u00f3n, especialmente en la sagrada Liturgia, donde entramos en el misterio de la Pascua de Cristo.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p>El Evangelio, entonces, es el designio salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Trinidad manifestado en la historia y comunicado a nosotros por la gracia. Es la misericordia de Dios en acci\u00f3n, no como sentimentalismo, sino como poder: la victoria del Crucificado sobre la muerte, la corrupci\u00f3n y la tiran\u00eda de las pasiones. El Ap\u00f3stol ense\u00f1a que la iniciativa divina precede a todo esfuerzo humano, \u00abporque cuando a\u00fan \u00e9ramos pecadores\u2026 Cristo muri\u00f3 por nosotros\u00bb (Romanos 5:8). Este don gratuito no anula nuestra libertad; antes bien, la gracia convoca nuestra sinergia\u2014nuestra cooperaci\u00f3n activa\u2014con la vida de Dios. La Cruz, lejos de ser un final tr\u00e1gico, es el trono del Rey; el Sepulcro, lejos de ser un t\u00e9rmino, es la c\u00e1mara nupcial de la Nueva Creaci\u00f3n. Por eso la Pascua es el centro del a\u00f1o cristiano: en ella contemplamos el sentido \u00faltimo del Evangelio\u2014la muerte hollada por la muerte, y la vida otorgada a los que yacen en los sepulcros.<\/p>\n<p>Las Escrituras de Israel, le\u00eddas a la luz de Cristo y de la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia, nos preparan para este misterio. Desde el principio, la obra de Dios fue buena y ordenada a la vida: \u00abY vio Dios todas las cosas que hab\u00eda hecho, y he aqu\u00ed que eran muy buenas\u00bb (G\u00e9nesis 1:31). El Evangelio no anuncia una huida de la creaci\u00f3n, sino su curaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n. El pecado introdujo la corrupci\u00f3n y el extra\u00f1amiento; la gracia restaura la comuni\u00f3n y transfigura. De ah\u00ed la promesa prof\u00e9tica de una renovaci\u00f3n interior que el Mes\u00edas habr\u00eda de realizar: \u00abY os dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, y pondr\u00e9 dentro de vosotros un esp\u00edritu nuevo; y quitar\u00e9 de vuestra carne el coraz\u00f3n de piedra y os dar\u00e9 un coraz\u00f3n de carne\u00bb (Ezequiel 36:26, LXX). Esto se cumple cuando el Se\u00f1or crucificado y resucitado insufla el Esp\u00edritu Santo sobre sus disc\u00edpulos y, por medio de los Misterios, nos hace miembros de su Cuerpo.<\/p>\n<p>Decir que el Evangelio salva es decir que Dios nos hace part\u00edcipes de su propia vida. Los Padres de la Iglesia primitiva llaman a esto theosis o deificaci\u00f3n\u2014nuestra participaci\u00f3n, por la gracia, en las energ\u00edas increadas de Dios. San Pedro habla de que somos hechos \u00abpart\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb (2 Pedro 1:4). No se trata de una met\u00e1fora, sino de una vida seria de santidad posible \u00fanicamente por la Pascua de Cristo y el don del Esp\u00edritu. La Iglesia no reduce la salvaci\u00f3n a una absoluci\u00f3n jur\u00eddica; m\u00e1s bien proclama la restauraci\u00f3n y elevaci\u00f3n de la naturaleza humana, para que lleguemos a ser aquello para lo que fuimos creados\u2014iconos vivos que reflejan la belleza, la verdad y la bondad de Dios.<\/p>\n<p>El Evangelio es, por tanto, inseparable de los Misterios. Por el santo Bautismo somos sepultados y resucitados con Cristo; por la santa Crismaci\u00f3n recibimos el sello del Don del Esp\u00edritu Santo; por la santa Eucarist\u00eda participamos del mismo Cuerpo y Sangre del Se\u00f1or para remisi\u00f3n de los pecados y vida eterna. No son meros s\u00edmbolos, sino signos eficaces en los que Cristo mismo est\u00e1 presente. El Salmo dice: \u00abCrea en m\u00ed, oh Dios, un coraz\u00f3n limpio, y renueva un esp\u00edritu recto en mis entra\u00f1as\u00bb (Salmo 50\/51:10, LXX). En los Misterios, esa oraci\u00f3n es atendida: el coraz\u00f3n se purifica, se ilumina y se fortalece para amar a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Puesto que el Evangelio es la acci\u00f3n misericordiosa de Dios, configura un modo concreto de vida\u2014asc\u00e9tico, eucar\u00edstico y eclesial. La ascesis no es un esfuerzo autosuficiente, sino una lucha, sostenida por la gracia, contra las pasiones, con la esperanza de la libertad. \u00abPorque misericordia quiero y no sacrificio; y el conocimiento de Dios m\u00e1s que holocaustos\u00bb (Oseas 6:6). El ayuno, la limosna y la oraci\u00f3n son evang\u00e9licos cuando brotan de la misericordia y conducen a una comuni\u00f3n m\u00e1s profunda. La Divina Liturgia forma nuestra visi\u00f3n: escuchando el Evangelio, confesando la fe verdadera, ofreciendo la An\u00e1fora y recibiendo la Sagrada Comuni\u00f3n, aprendemos a ver todas las cosas por Cristo y a ofrecer el mundo de nuevo al Padre en acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>El verdadero Evangelio tambi\u00e9n nos ense\u00f1a a discernir y adorar el misterio con humildad. Confesamos lo que Dios ha revelado y reconocemos con reverencia aquello que permanece m\u00e1s all\u00e1 de nuestra comprensi\u00f3n. La nota apof\u00e1tica de nuestra teolog\u00eda nos preserva de convertir el Evangelio en un sistema. Los iconos, los himnos y las vidas de los santos nos instruyen no solo en proposiciones, sino en la belleza de la santidad. Las vidas de los m\u00e1rtires y de los ascetas muestran la fuerza evang\u00e9lica de la gracia: \u00abMas las almas de los justos est\u00e1n en la mano de Dios, y no las tocar\u00e1 tormento alguno\u00bb (Sabidur\u00eda 3:1). Su testimonio confirma que el Evangelio es una realidad vivida, no una teor\u00eda.<\/p>\n<p>Es crucial para nuestro entendimiento que la Biblia pertenece a la Santa Tradici\u00f3n. Las Escrituras son el libro sagrado de la Iglesia, orado y proclamado en la asamblea, interpretado por los Padres y vivido en los santos. El Evangelio no puede separarse de la Iglesia sin ser empobrecido. Como cantamos en Pascua: \u00abEste es el d\u00eda que hizo el Se\u00f1or; regocij\u00e9monos y alegr\u00e9monos en \u00e9l\u00bb (Salmo 117\/118:24). Ese d\u00eda pascual se prolonga a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico, para que los fieles reciban continuamente el Evangelio como vida, luz y sanaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Evangelio, adem\u00e1s, nos interpela con una llamada. Exige la penitencia, que no es un sentimiento moment\u00e1neo de pesar, sino un giro continuo de la mente y del coraz\u00f3n hacia Dios\u2014un cambio del nous y una enmienda de vida. San Santiago advierte: \u00abSed hacedores de la palabra, y no solamente oidores\u00bb (Santiago 1:22). Dentro de nuestra tradici\u00f3n esto implica pr\u00e1cticas concretas: reconciliaci\u00f3n con aquellos a quienes hemos ofendido, fidelidad a la oraci\u00f3n, confesi\u00f3n de los pecados, obras de misericordia, fidelidad a los ayunos y firmeza en el culto com\u00fan de la Iglesia. Tal obediencia no es una carga, pues la gracia precede y acompa\u00f1a cada paso.<\/p>\n<p>En un mundo ansioso de novedades, el Evangelio nos otorga la paz del Anciano de D\u00edas y la alegr\u00eda de un Reino ya en medio de nosotros. La luz de Cristo no solo consuela; ilumina y transforma. \u00abCrea en m\u00ed, oh Dios, un coraz\u00f3n limpio\u00bb, reza la Iglesia diariamente (Salmo 50\/51:10), porque el Evangelio pretende nada menos que la recreaci\u00f3n del coraz\u00f3n. El creyente aprende a bendecir al Se\u00f1or en todo tiempo, a ver cada circunstancia como materia para la acci\u00f3n de gracias y a discernir en el m\u00e1s peque\u00f1o de los hermanos de Cristo la presencia del Rey. La evangelizaci\u00f3n, por tanto, no es mercadotecnia, sino testimonio: llevar el resplandor de la Resurrecci\u00f3n de Cristo en obras de misericordia y de verdad.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n del Evangelio es Cristo mismo\u2014crucificado, resucitado y glorificado\u2014que nos congrega en su Cuerpo y nos hace ciudadanos del siglo venidero. Recibirle es recibir la vida \u00aben abundancia\u00bb (Juan 10:10), conformarnos a su imagen y ser enviados al mundo como heraldos del Reino. La Antigua Alianza prometi\u00f3 un coraz\u00f3n nuevo; la Nueva Alianza lo concede. La Iglesia mantiene vivo este coraz\u00f3n mediante los Misterios, la Liturgia, la lucha asc\u00e9tica y la comuni\u00f3n de los santos. As\u00ed, el Evangelio es a la vez don y llamada: la misericordia gratuita de Dios y la invitaci\u00f3n a llegar a ser, por la gracia, aquello que contemplamos en Cristo\u2014hijos e hijas que resplandecen con la luz increada.<\/p>\n<p>Que Dios le bendiga +<br \/>\nRvdo. P. Charles de Jes\u00fas y Mar\u00eda<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el centro del Evangelio no se halla un principio abstracto, sino la Persona viva de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que revela el amor del Padre y sana la herida del pecado por su Cruz y &hellip; <a href=\"https:\/\/frcharles.com\/es\/blog\/el-corazon-del-evangelio\/\">Continue reading <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-80","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-blog"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":83,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80\/revisions\/83"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/frcharles.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}